Evidencia de la Fe

La Iglesia de Jesucristo está compuesta de pecadores que se han arrepentido de sus pecados y se encuentran, por la gracia de Dios, refugiados en los pies de Jesús, pecadores que a través de reconocer su quebrantamiento y su necesidad de redención, fueron justificados por la fe en el sacrificio de Cristo, y su poder para limpiarnos y hacernos justos delante de Dios.
Sin embargo, el haber confesado a Cristo Jesús como Señor y Salvador y asistir regularmente a los servicios y actividades de la iglesia, y aun ser activo en otras áreas de servicio no determinar plenamente la condición espiritual de una persona y su morada final.
La Biblia es muy clara acerca de quiénes han sido verdaderamente redimidos, cuyos nombre están escritos en el libro de la vida, quienes realmente pertenecen a Cristo; pero de alguna manera esta parece ser una doctrina elusiva para los redimidos. Y si bien no debería haber confusión en absoluto, millones de profesantes viven engañados acerca de su salvación, y muchos otros viven en la duda acerca de su verdadera condición en Cristo.
La justificación por la fe es enseñada por Jesús y por cada uno de los escritores del Nuevo Testamento, y también lo es también la santificación. Y estas dos doctrinas están entrelazadas, unidas entre sí y juntas revelan una verdad imprescindible acerca de la verdadera salvación.
La parábola del banquete en Mateo 22:1-14 es una de esas ocasiones en que Jesús enseña claramente quien pertenece en el cielo y quien no, en esta parábola nos damos cuenta de cómo los que fueron invitados originalmente y rechazaron la invitación se quedaran fuera, estos son los herederos naturales de la promesa, y las puertas están abiertas a todos los demás "buenos y malos" estos son los herederos espirituales de la promesa de Abraham. Jesús nos está diciendo que los originales invitó los israelitas que rechazaron la invitación están siendo dejados a un lado, y bajo el nuevo pacto se está dando la bienvenida a los nuevos huéspedes, los gentiles y los israelitas que aceptaron la invitación. Sin embargo, entre los que entraran a la boda hay algunos que no tienen ropa de la boda, aquellos que han aceptado la invitación, pero rechazan las condiciones establecidas para la boda. Estos también estarán siendo rechazados por Dios.
Romanos 3:21-26 explica a fondo la doctrina de la justificación por la fe, y nos ayuda a comprender que todo el que cree es justificado, hecho justo por Dios a través de Cristo. Sin embargo, la comprensión de la palabra creer en esta declaración es de gran importancia para entender quien realmente es justificado, porque creer no es sólo un asentimiento de una declaración, sino una convicción transformadora que trae arrepentimiento y provoca un cambio radical en la vida de un persona. El Creer declarado en cada una de las palabras de Jesús a través de los evangelios es una profunda reestructuración de la visión del mundo de un individuo, y una renovación completa de su naturaleza, causada por la obra del Espíritu Santo en su vida. Este creer provoca un cambio completo de la mente, que no deja lugar para mirar atrás a la vieja vida, y se genera un nuevo conjunto de deseos y motivos para existir, un nuevo propósito para vivir.
La palabra específica utilizada por Jesús es nacer de nuevo, porque esto es exactamente lo que se lleva a cabo tanto física como espiritualmente cuando esta convicción invade nuestro cuerpo.
De modo que la justificación por fe deja huellas evidentes, que son muy remarcables. Es imposible que un redimido sea la misma persona una vez que el arrepentimiento y la redención ha tenido lugar, por lo que si no hay evidencia de cambio no hay arrepentimiento, y no hay redención.
Ahora, una persona no necesariamente siente estos cambios en él o ella de inmediato, aunque habrá un nuevo conjunto de deseos y un rechazo consciente de las cosas viejas; pero a otras personas, estos cambios les serán evidentes.
La doctrina de la santificación también es enseñada por Jesús en muchas de sus enseñanzas y parábolas, en Mateo 6:19-24 Él habla de acumular tesoros en el cielo, donde la polilla y el orín no pueden destruir; Él nos dice que los ojos son la lámpara del cuerpo, y que es mejor perder un brazo que terminar con ambos brazos perdido en el infierno.
La Biblia nos enseña en Santiago 2:14-26 que una fe que no es activa es una fe muerta, y que la única fe válida es la que es evidente a través de las obras de amor y compasión, y el compromiso continuo y la cercanía a Dios.
Pablo nos dice: Por lo tanto, mis queridos amigos, como siempre habéis obedecido; no sólo en mi presencia sino mucho más ahora en mi ausencia; seguid trabajando en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el actuar con el fin de cumplir su buena voluntad. (Filipenses 2:12-13)
Mientras que algunos casos son evidentes, sólo Dios conoce a los que son salvos y los que no lo son, sin embargo, cada individuo puede saber si es de Dios o no, porque Dios no nos dejara en la oscuridad si clamamos a Él para que escudriñe nuestros corazones y nos muestre la culpa que aun podría estar obstaculizando nuestra perfecta comunión con Él. Muchos de los que se llaman cristianos prefieren vivir en el autoengaño, antes que renunciar a sus estilos de vida; Ellos viven la triste decepción del joven rico que vino a ver a Jesús, con el deseo de asegurar un lugar en el cielo, pero se aferraba a sus ídolos.
Dios no comparte su gloria con nadie, de modo que; o nos sometemos a Él verdadera y plenamente, o vivimos en rebelión, dándole servicio de labios y engañándonos a nosotros mismos respecto de nuestra verdadera condición espiritual. Si usted tiene alguna duda hoy, pídele que te limpie y te renueve; si eres sincero, Él te dará seguridad de su amor y la evidencia de tu salvación.
No hay espacio para medio cristianos en el cielo

José A. Luna

Siervo de Cristo Jesús

Un Cultivo para Vida Eterna!

Al hacer una revisión de mi vida como cristiano a veces he tratado de reflexionar sobre mis logros, lo cual es equivalente a golpearme yo mismo con una toalla mojada, pues no puedo evitar el darme cuenta que mis logros son ningunos, nada, cero, nulos, vacíos, como si nunca hubiese hecho nada.. Y me golpeo en la cabeza al darme cuenta de que mucho de mi tiempo lo desperdicio en cosas triviales, mientras que todo el planeta continúa acercándose cada día más al borde de la autodestrucción.
Mientras maquillamos el sacrificio de Jesús en la cruz, mientras hacemos de su sacrificio en un pequeño y atractivo adorno el cual tendemos a llevar alrededor de nuestro cuello o colgar en la pared de la casa, preferimos olvidar que el lugar donde Jesús fue clavado en la cruz era un basurero, un lugar donde la gente solía llevar sus residuos, un lugar donde era arrojada la basura, fuera de la vista, para evadir el olor repugnante y el aspecto antiestético de la podredumbre y la decadencia.
Extrañamente. El aspecto nauseabundo de ese lugar llamado Gólgota, nos refleja una imagen clara de la condición espiritual del mundo de hoy.
Y viendo al mundo a través de los ojos de los medios de comunicación, su fétido olor y su aspecto deteriorado, me hacen temblar en la desesperación, ante la realización de mi impotencia para restaurar el que fue una vez un hermoso paraíso, creado por Dios para nuestro deleite.
Es irónico que hace varios años yo solía viajar como turista a muchos lugares del mundo y vivía maravillado de la hermosura de nuestro planeta. Luego tuve que retornar como misionero, a vivir en República Dominicana por tres años. Allí el Señor me permitió ver una imagen mas clara de la realidad. En el camino desde el aeropuerto a cada balneario o zona turística de Santo Domingo, las calles están limpias, los edificios son elegantes y bien cuidados, las tiendas están bien iluminadas y organizadas, y todo es encantador. Entonces nos movemos fuera de las carreteras principales hacia las calles y barrios aledaños, y vemos la pobreza y la miseria y la corrupción y la decadencia y la suciedad. Y todos los países del mundo, hasta donde mis ojos han podido ver son exactamente lo mismo.
Mas las condiciones en la que se encuentra cada uno de los países que he visitado, no es más que un reflejo de su condición espiritual. Vestidos en religiosidad e idolatría, se ven limpios y atractivos en el exterior, pero "llenos de huesos de muertos y suciedad en el interior" Mateo 23:27)
Y entonces medito en la conversación de Jesús con sus discípulos en el lugar llamado Sicar, en Samaria. "¿No tienen un dicho:" Es todavía cuatro meses hasta la cosecha? Yo te digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos! Porque ya están blancos para la siega. "(Juan 4:35)
Y es esta realización la que me despierta y me atormenta, mientras camino en este valle de huesos secos, y no tengo una palabra profética que les de vida. Cuando miro a las calles y centros comerciales y tiendas y bares y los lugares de corrupción llenos cada noche de sábado con las almas en busca de una salida a su miseria, y no se dan cuenta de que aquel que es fuente de agua viva que brota para la vida eterna está esperando en la puerta, listo para responder a todo aquel que clame por su nombre.
Y sé que puedo hacer más, mucho mas, porque soy un ungido del altísimo, y la carga de Jesús por las almas era más grande que cualquier otra carga en su caminar por la tierra, esta es la carga que le llevó a la cruz.
Justo antes de hablar de la cosecha Jesús dijo; "Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y terminar su obra" (v 34)
Y aunque hago un montón de malabares y trucos e ilusiones que me hacen parecer muy ocupado en las cosas del Señor, ¿estoy haciendo realmente lo mas importante? Pues ayudar a los pobres y los enfermos y las viudas y los huérfanos siempre será trabajo importante, pero ¿cuánto valor tiene este trabajo para la vida eterna? Si doy de comer a una persona hambrienta podría salvar su vida, pero si no le doy la comida con que yo he sido alimentado, el alimento que mi padre me dio a través de su hijo Jesucristo, yo no le estoy haciendo ningún favor, pues mañana esta persona volverá a tener hambre.
Jesús dijo: "Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis" (v 32) y este es el alimento con el cual quiero alimentar a todo el que este a mi alcance, alimento que restaura el cuerpo y el alma, alimento que renueva nuestra manera de pensar y da nueva forma a la actitud de nuestra mente, alimento que satisface nuestra hambre espiritual y nos da una nueva visión, una nueva familia, una nueva ciudadanía, y un nuevo propósito.
Jesús dijo: "Incluso ahora, el que siega, recibe salario y cultiva frutos para la vida eterna, de modo que el sembrador y el segador puedan ser ambos felices." (V 36)
Este es el salario que quiero estar recibiendo, y la comida que quiero estar comiendo, y dando de comer a cada persona con la cual pueda entran en contacto, estar haciendo la voluntad de aquel que envió a Jesús, y que me ha enviado a mí también, de modo que pueda yo continuamente estar cosechando frutos para la vida eterna. Porque Él me dio un mandamiento: "Id y haced discípulos de todas las naciones" (Mateo 28:16)
Y me doy cuenta de que consistentemente me quedo corto de sus expectativas, aunque el no me lo tome a cuenta. Pues por su maravillosa gracia he sido salvo, mediante la fe en su hijo Jesucristo, y en lugar de compartir este increíble regocijo a toda voz, y hacer el mundo un poco menos oscuro con cada alma rescatada, me dejo arrastrar por la pereza, y eso me duele. Y ruego a mi padre que me de más de su sabiduría, y más de este denuedo que me llena de ganas de evangelizar hasta que duela.
Y él me hace esta pregunta, ¿qué vas a hacer con ello? ¿De qué serviría que te de más de lo que ya tienes, si no estás haciendo suficiente con ello?
"pues a aquel que tiene se le dará más, y tendrá en abundancia. Pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado "(Mateo 13:12)
Gracias Señor por abrirme los ojos, y permitirme ver cuánto más todavía puedo hacer con los dones que me has dado, y cuánto más bendecido puedo ser mientras me muevo en tu reino y me convierto en un verdadero testigo de tu majestad y tu gracia.

Rev. José Antonio Luna
Siervo de Cristo Jesús

La Muerte y la Eternidad!

Todavía recuerdo claramente el día que mi padre murió hace veintisiete años. Su partida dejó una huella terriblemente dolorosa en mi corazón. Una marca tan profunda que aún recuerdo todos los detalles, todos los momentos de dolor, cada aliento agonizante que el trató de tomar mientras su vida se marchitaba lentamente.
Cuando su cuerpo sin vida por fin descansó en el hospital, alguien me pidió que le afeitara. Mis manos temblaban y mi respiración se acortaba por el dolor, por la desesperación. Tomé una toalla y una vasija con agua, luego toqué su piel y apliqué la hoja de afeitar en sus frías mejillas, y mientras trataba de afeitarle le hice una pequeña incisión en el cuello de la cual comenzaron a brotar gotas de sangre. Y es como si en ese momento todo el edificio se había derrumbado sobre mi cabeza. En un instante todo se volvió borroso, las rodillas me temblaban, y empecé a gritar y sollozar; ríos de lágrimas seguían saliendo de mis ojos y una roca gigantesca ejercía una terrible presión sobre mi pecho. Me quería morir en ese momento, quería desaparecer, para que todo desapareciera conmigo. Mi corazón me decía que la vida había terminado para él, pero mi cerebro no aceptaba eso, entonces me desplomé.
Yo había visto muchas personas morir antes de ese día, muchos de ellos en circunstancias horribles. Cuando era niño pasé por una guerra civil en mi país de nacimiento, y ver las turbas matar personas a palos y con machetes no me era nada extraño, y ver a una persona ser quemada viva no era extraño tampoco. Yo había visto los cadáveres amontonados en las calles, o en camiones, había visto a la gente morir con heridas de balas a pocos metros de mí, yo había visto la muerte robarse la vida, la vida de hombres, y mujeres, y niños, y para mí esto era muy normal, nada que temer o a que huirle. Sin embargo, yo nunca había tenido una persona cercana a mí morir frente a mis ojos, sobre todo, no mi padre, pensé que entendía la muerte, yo creía que sabía cómo tratar con ella, la verdad es que no tenía ni la mas remota idea.
Una cosa es cuando un extraño o incluso un amigo cercano mueren, y otra cosa es cuando alguien que realmente amas pierde su vida.
Yo tenía veinte y cinco años cuando murió mi padre, pero no hasta entonces sabía yo realmente lo que era la muerte.
Vivimos nuestras vidas totalmente desconectados de la realidad. El mundo entero camina por este planeta como si la muerte fuese una cosa que pertenece a una dimensión diferente, como si la carne no se pudre, como si el mañana nunca llegará. Y creo que entiendo por qué la mayoría de la gente prefiere hacer caso omiso de tal destino inevitable. Por qué la mayoría de nosotros vivimos en la negación, en el rechazo de la posibilidad de que vayamos a envejecer y morir. Creo que es miedo, miedo a lo desconocido, miedo a enfrentarse a la realidad, a la ultima pregunta, una pregunta que todos tenemos escondida en lo profundo de nuestra mente.
Muchas personas ni siquiera van a los médicos en su intento de huir de lo inevitable, otros gastan miles e incluso millones de dólares en tratamientos y en cirugías, sólo para retrasar el momento de la verdad. Muchos otros se abrazan a extrañas prácticas y rituales religiosos con la esperanza de descubrir el secreto de la longevidad, o la vida eterna.
Hace muchos años yo estaba comprometido con una hermosa mujer, la cual me había sido enviada de parte de Dios, y yo estaba convencido de que íbamos a estar juntos para siempre. Desde el momento en que conocí a esa mujer mi vida fue transformada y sólo la alegría constante y la felicidad estaban presente en nuestras vidas, ella tenía treinta y dos años de edad y estábamos listos para casarnos y tener muchos hijos y vivir felices para siempre, pero un día, de repente, sin razón aparente, simplemente se derrumbó ante mis ojos y unos minutos más tarde se había ido, el señor se la llevó con él, él decidió que su momento había llegado y que ella iba a ser de mejor uso en el cielo, y Yo sé hoy que había mejores planes para mí, pero en ese momento yo gritaba y lloraba y me quejaba a Dios, yo no creía que fuera justo que una vida tan joven, llena de vitalidad y energía, y con quien yo había hecho tantos planes podía haberse ido en un instante, para siempre, sin previo aviso.
Esta vez pude enfrentar la realidad de la muerte mucho mejor, había entendido la muerte y me daba cuenta que era parte de la vida y algo que nos sucede a todos nosotros, sin embargo, este conocimiento intelectual, y todo el amor que tengo para Dios no hizo el dolor más pequeño, no calmó para nada el dolor y el resentimiento momentáneo que sentía. Eso ocurrió hace once años, y todavía recuerdo a Lorrie con dolor y con amor. Y a pesar de la bendición extraordinarias que he recibido desde entonces las cuales son demasiadas para contarlas y aunque junto con mi esposa e hijos vivimos en la seguridad de un amor más grande que cualquier ser humano puede dar, y aunque tenemos paz en nuestros corazones en entender que la muerte no es sino el comienzo de nuestras vidas, le pido a Dios con intención e intensidad por la salud y larga vida de mi esposa y mis hijos y vivo cada día en la esperanza de no llegar a ver la muerte antes de que nuestro Señor Jesucristo venga y nos recoja hacia él, a todos juntos, como una familia.
Pero se necesita el compromiso y la fidelidad y una vida fructífera para aferrarse a esa esperanza. Y vivir una vida mundana, llena de vanidad y orgullo y de codicia y envidia no trae esta esperanza al corazón de nadie.
La mayoría de los seres humanos viven hoy para la satisfacción de los deseos de la carne, impulsados por las pasiones y las emociones y por los caminos pecaminosos que les lleva a la satisfacción de la lujuria por el placer.
Y el ansia de tener más de este engaño los ciega hasta el punto de que ven como un enemigo o cualquier persona o cosa que trate de arrastrarlos a la verdad.
Y cuando alguien muere a su alrededor sienten una lástima hipócrita por su familia y envían una tarjeta postal o un ramo de flores, o simplemente celebran su vida con más de la actitud corruptible que estampa su caminar por esta desesperanza. Y nadie se atreve a plantear el tema del más allá, qué hay detrás de la puerta negra, y los que se plantean esta pregunta no están dispuestos a escuchar nada que pueda comprometer su estilo de vida.
Las Sagradas Escrituras nos enseñan en Proverbios 16:25, hay un camino que parece derecho al hombre, pero al final es camino de muerte. Y no estamos hablando de la muerte de la carne en este pasaje, estamos hablando de una muerte que va más allá de toda comprensión humana, una muerte que dura para el resto de nuestra vida eterna, una muerte consciente en la que sólo hay retribución por la maldad que acompaña a nuestra breve vida en la tierra, una constante muerte dolorosa y agonizante que nunca acaba.
Sin embargo, nuestro Señor Jesucristo nos enseña en Juan 5; De cierto os digo: el que oye mi palabra y cree al que me envió, tiene vida eterna y no será juzgado, pero ha pasado de la muerte a la vida. No te extrañes de esto, porque la hora viene cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz y saldrán, los que han hecho lo que es bueno saldrán a resurrección de vida, y los que han hecho lo que es malo, a resurrección de condenación eterna. Y en Juan 14:06 Él dice, yo soy el camino la verdad y la vida, nadie viene al padre sino por mí.
Existe una alegría gloriosa más allá de toda comprensión humana la cual habita en el corazón de aquellos que encuentran el camino a través de Jesucristo, una alegría que sustituye todos los deseos carnales y satisface todas las verdaderas necesidades humanas. Permita que su carne controle su vida y sepa que esta intercambiando un instante de placer carnal por una eternidad de oscuridad y de muerte.
Permita que su espíritu controle su carne y disfrute de todas las promesas de Dios, y de todas las bendiciones espirituales desde ahora y hasta la eternidad.
Sea bendecido.

Rev. José Antonio Luna
Siervo de Cristo Jesús

Porque Hago lo que hago?

Mientras se dirigían a la escuela esta mañana, mis hijos fruncían el ceño y se quejaban de que no voy a estar aquí mañana en la mañana para darles un beso y un abrazo en su salida hacia la escuela.

Mis hijos y yo tenemos una serie de rutinas que se han convertido en habitual. Todas las mañanas los despido en la puerta cuando salen a la escuela, cada noche alrededor de las ocho nos reunimos para la devoción, cada noche los envío a la cama en oración, y cada una de esas actividades es una parte de la alegría, del gratificante placer de la paternidad, pero lo más importante es que esta rutina es parte de quienes somos y del amor que continuamente nos damos unos a otros.
Yo no podría escapar la obligación de hacer estas cosas todos los días, porque cuando es tiempo para hacerlas mis hijos me encuentran en la casa y toda otra labor tiene que ser detenida hasta que hayamos terminado con ellas.

Algunas noches si tengo actividades de la iglesia o reuniones, mis hijos esperan hasta que yo regrese, y si llego tarde tienen gran dificultad para conciliar el sueño.

Pero cuando viajo, y esto sucede muy a menudo, las cosas tienen que ser reajustadas, y llevo conmigo el dolor de no poder besar a mis hijos al despedirlos a la puerta en las mañanas, no puedo hacer el diario devocional con ellos, no puedo ponerlos a la cama cada noche, mi esposa tiene que hacerse cargo, y aunque ellos lo entienden, se quejan de que no es lo mismo. Esto no quiere decir que mi esposa no hace un buen trabajo con la devoción o las oraciones, simplemente significa que no estoy allí, y me duele, y les duele a ellos, pero tenemos que vivir con ello, debemos aceptar las consecuencias de ser un ministro misionero, una persona a quien el Señor siempre envía a lugares extraños a predicar su palabra, a alcanzar a los perdidos, a socorrer a los necesitados.

Mis hijos ya entienden por qué hay que hacer este tipo de trabajo, y lo aceptan de mala gana, pues no hay alegría en saber que tengo que estar ausente de sus momentos tan a menudo.

Sin embargo, ¿cómo vamos a cambiar esta situación? El Señor escoge lo que hacemos y caminamos en obediencia y nos regocija el honor de poder servirle de tal manera, aunque no es pequeño sacrificio el no poder estar allí cuando mis hijos van a la cama, cuando llega el momento de su devoción, cuando van a la escuela en la mañana.

Jesús dijo: "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame" (Marcos 8:34). El no dijo, si alguien quiere seguirme traiga a tu familia, o les pondré en un lugar agradable y cómodo. El dijo en voz alta: "Y cualquiera que no lleve su cruz y me sigua, no puede ser mi discípulo." (Lucas 14:27)

Él va más lejos al enseñarnos en el mismo capítulo que debemos odiar a nuestro padre, a nuestra madre, a nuestros hijos, por su propósito, no en el sentido literal, no en realidad odiando nuestra familia, sino respecto a las consecuencias del sacrificio que debemos hacer por el bien del evangelio.

Yo no voy a lugares extraños dejando solos a mi esposa y los niños por semanas a la vez porque me encanta, de hecho me duele el corazón cada vez que estoy lejos, y ellos también sufren. Y a veces debemos ir a lugares inhóspitos donde tenemos que conformarnos con lo que hay disponible, y a menudo no hay alimentos o agua o higiene alguna en estos lugares.

Pero el amor de Jesús, y la pasión por los perdidos, no cuesta poco, aunque vale la pena cada porción de sacrificio, porque no hay nada más poderoso que experimentar la presencia de Dios en tu vida, y saber que estás siendo parte de la mayor hazaña que alguien puede realizar.

"Porque muchos son llamados, pero pocos los escogidos" (Mateo 22:14). Jesús nos enseña claramente en la parábola del gran banquete cómo funcionan las cosas en el reino de los cielos.

He sido elegido para responder su llamado y yo quería ser elegido, porque hay un propósito mas grande que todas las cosas en nuestra presente vida, un propósito que va más allá de toda comprensión humana, un objetivo establecido para nosotros desde el principio de los tiempos, y el cual algunos de nosotros está dispuesto a escoger y otros no.

Mi alegría esta en poder llevar el evangelio a las naciones, que los que responderán tengan la oportunidad de escuchar. Porque, "Todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo." (Joel 2:32) Pero, "¿Cómo, pues, invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no son enviados? Como está escrito: « ¡Cuán hermosos son los pies del que trae las buenas nuevas! '" (Romanos 10:14-15). ¡Y esta es la fuerza que me mueve!

Hay grandes necesidades materiales entre los pobres del planeta, más de la mitad de la población del mundo está muriendo de hambre según la Organización Mundial de Salud,

Con nuestros esfuerzos logramos traer aliento a muchas comunidades del tercer mundo, pero no importa lo mucho que hagamos, nunca será suficiente, sin embargo, este razonamiento nunca nos impedirá hacer lo que podamos, porque si la vida de un solo niño es salva a través de nuestros esfuerzos, ya es una gran victoria. Y no hay mayor triunfo que ver las almas de aquellos que están muriendo de hambre y sed, siendo rescatadas de la condenación eterna.

Las donaciones de los corazones compasivos nos ayudan a extender las manos a muchas comunidades del mundo Hispanoamericano que carecen de fuentes de agua potable, o de los nutrientes básicos, o recursos médicos, a muchas comunidades que han sido olvidadas por el mundo civilizado.

Y de igual manera que con nuestros limitados recursos traemos un pequeño alivio a su dolores físicos, también les traemos la buena nueva del Evangelio de Jesucristo, el cual les trae esperanza, la esperanza más grande del mundo, la esperanza de la gloria eterna ante la presencia del Señor.

¿Por qué hago lo que hago? Porque es importante para cada uno de aquellos cuyos ojos se iluminan por la esperanza, cuyo dolor es calmado aunque sea un poco, y cuyas almas son rescatadas por la eternidad.

Que el Dios del amor y la compasión, os traiga a vuestros corazones la compasión de su hijo Cristo Jesús, y que el les guíe a extender sus manos, de la manera que sea por el bien de aquellos que hoy día carecen de toda esperanza.

Para donaciones o colaboración visite nuestra pagina; www.casadesalvacion.com

Rev. José A. Luna
Siervo de Cristo Jesús

La Sangre de la Esperanza!

Soy una nueva creación, y yo lo sé porque la Biblia me enseña que la sangre de Jesús fue derramada para el perdón de mis pecados y porque le he dado a él la bienvenida en mi vida como mi Señor y Salvador, todas mis miserias, toda la inmundicia en mi vida es lavada y puedo empezar de nuevo, con una vida limpia.
Pero, ¿cómo es que esto realmente funciona?, ¿cómo puede una persona que ha estado viviendo una vida de inmoralidad, de corrupción, de libertinaje, decir de repente ‘estoy limpio’ y estar verdaderamente limpia?
En aras de la concisión, vamos a omitir algunos detalles, pero les exhortamos a encontrar una explicación más exhaustiva en las referencias bíblicas que hemos añadido.
Todo se inicia con el pecado de Adán y Eva y la necesidad de que un animal sea sacrificado para cubrir su desnudez (Génesis 3:21). Dios nos presenta a continuación, la única manera a través de la cual su ira hacia nosotros puede ser apaciguada, con el derramamiento de la sangre de un animal limpio el cual es presentado ante el altar, (Génesis 4:4) Abraham entendió el significado de esta necesidad e hizo muchos sacrificios para Dios, y lo mismo hizo Isaac y Jacob y sus descendientes.
Entonces Dios les dio la Pascua a los israelitas en Egipto, mediante la cual al pintar los marcos de sus puertas con la sangre de un limpio cordero de sacrificio, las vidas de sus primogénitos fueron protegidas cuando el ángel de la muerte pasó a través de Egipto matando a todos sus hijos y animales primogénitos. (Éxodo 11:01-12:30)
Luego, en el desierto Dios le dio a Moisés un modelo del tabernáculo que se habría de construir exactamente como mostrado, pues era una copia fiel de aquel tabernáculo más grande en el Reino de los Cielos. E hizo Dios un pacto con su pueblo, mediante el cual les presentó las leyes y los mandamientos, y el cual fue sellado por el derramamiento de sangre en el tabernáculo y sobre los pergaminos y en la gente, y sobre todos los artículos que se utilizarían para el altar y para el cumplimiento de ese pacto. Dios también le dio a Israel el Arca de la Alianza en cuya cubierta se rociaba la sangre del sacrificio por el perdón de los pecados. Todo esto se explica en detalle en las Escrituras, en Éxodo 24 y 25. Sin embargo, estos acuerdos fueron temporales y estos sacrificios era necesario repetirlos una y otra vez, y el Sumo Sacerdote debía presentar la sangre de la expiación, por él y por el pueblo que representaba. Una vez al año era esto llevado a cabo en el lugar más santo, donde estaba depositada el arca de la alianza.
Y llega Jesús, y a través de su ministerio, vemos cómo Él viene a cumplir la promesa de un nuevo pacto (Jeremías 31:31-34). Él se presenta a las naciones Santo en su bautismo (Mateo 3:16), (Marcos 1:10-11). Y Él fue traspasado por nuestras rebeliones (Isaías 53:5), (Juan 19:34).
El libro de Hebreos capítulos 7 al 10 nos da un informe completo y exhaustivo del cumplimiento de la Ley y el establecimiento del nuevo pacto. Jesús es ordenado sumo sacerdote y el se presenta a sí mismo ante Dios a través del templo en el cielo después de haber derramado su sangre en el calvario.
Una vez y para siempre Jesús se presenta ante el Padre cumpliendo así la exigencia de un sacrificio de sangre por el precio que debía ser pagado por el perdón de los pecados.
Cuando Jesús entregó su espíritu en la cruz, dentro del templo la cortina del lugar santísimo se rasgó en dos (Mateo 27:50-51). Ya No habría más necesidad de sacrificio. A partir de este momento Dios seria accesible a todo aquel que quisiera llegar a él a través de Jesús.
¡Qué bendición tan maravillosa, cuan hermoso regalo nos ha sido dado por medio del sacrificio de Jesucristo! Y cuan bello escenario ha sido montado por el Señor para el rescate de la humanidad.
"Como bien saben, ustedes fueron rescatados de la vida absurda que heredaron de sus antepasados. El precio de su rescate no se pagó con cosas perecederas, como el oro o la plata, sino con la preciosa sangre de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin defecto. ". (1 Pedro 1:18-19)
El sacrificio que Jesús hizo, él lo hizo para toda la humanidad "para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna". (John 3:16).
Esta es una maravillosa promesa de esperanza y redención. Podríamos tenerlo todo o podríamos no tienen nada en esta tierra, pero las cosas materiales son perecederas, y no tienen ningún valor cuando meditamos sobre la realidad humana.
Pero a través de Su Sangre, Jesús nos ha dado el regalo más grande, un regalo con el que puedes contar, un regalo el cual puedes llevar contigo como una bandera para siempre, la esperanza bendita, la gran expectación de la vida eterna.
Jesús es nuestra única esperanza, su sangre es la prenda en que somos vestidos al venir al altar frente al Padre, y el nos ve en la pureza de su hijo, y tenemos la vida eterna, hoy y para siempre.
Ven y reúnete con nosotros ante su altar, y permite que Su gracia sea una bendición en tu vida, y hazte dueño de la esperanza verdadera.

Rev. José A. Luna
Siervo de Cristo Jesús