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¿Hasta dónde llegaría Dios?

Que todos estamos en necesidad de Dios no es una cuestión discutible, podemos entender por qué tantas personas lo rechazan, lo niegan, lo insultan, lo ignoran, y hacen cualquier cosa para deshacerse de Él.
Ateos en los EE.UU., incluso han ido tan lejos como para organizarse, para hacer proselitismo y tener una convención anual que en esencia se centra en negar la existencia de Dios. Y me pregunto, ¿por qué ir tan lejos? ¿Por qué la necesidad? Obviamente quieren permanecer ateos y asegurarse de que otros aprueben su ateísmo, ya que necesitan esto para convencerse a sí mismos y a otros que ellos tienen la razón.

Porque en realidad, si pensamos con cuidado, no debería haber una agenda para ser ateo, sobre todo si no hay Dios, porque si no hay Dios, no habría necesidad de rechazarlo ni le ignorarlo o negarlo o incluso tener una convención para asegurarse de tener la aprobación de otros en su rechazo de Dios. Simplemente debe ser una cuestión de no hacer nada de Él, sólo vivir el día a día sin conciencia o conocimiento acerca de Dios, sin tener ninguna preocupación acerca de si alguien les cree o no.
Sin embargo, debido a que hay un Dios, y porque ellos saben que Él es y existe, necesitan convenciones y aprobación y conversaciones y programas, debido a que tienen que hacer todo lo posible para silenciar la voz que les dice que están equivocados.
Igualmente tenemos la religión. Tenemos el budismo, el Islam, el hinduismo, el taoísmo, el gnosticismo, el humanismo, incluso el judaísmo y el catolicismo, entre cientos de otras, que se resumen bajo el mismo principio. El cual es que es necesario ganarse el camino a la perfección o a Dios. Estas religiones no argumentan o niegan la existencia de Dios, en cambio, en diversas formas, todas operan en el mismo principio de necesitar construir un camino a Dios, a través de prácticas o ejercicios especiales, o buenas obras, etc.
En este aspecto tenemos la realidad de que existe un punto común entre los religiosos y los ateos, con excepción a los católicos que de alguna manera aceptan la obra de Jesús en la cruz, este punto es el rechazo al Dios de Gracia, y del sacrificio de Jesús Cristo en la cruz una vez para siempre, y del evangelio de la salvación por la fe como un don de Dios. Ellos simplemente no pueden admitir que si existe un Dios, Él sería tan acogedor y tan amable y tan dispuesto a dar tanto por nosotros.
Ahora bien, existe una razón para este rechazo, para esta negación. Esta razón se llama pecado.
El pecado es en efecto, la razon común oculta, que agrupa a todo aquel que rechaza a Dios y a su hijo Jesucristo en cualquier forma o estilo, no importa come le llamen. Porque Dios nos ha dado más que suficientes pruebas, razones y motivos para que todos nosotros estemos corriendo hacia él. Sin embargo, una característica subyacente del ADN del pecado es la negación de que tenemos un problema, y ​​no hay manera de solucionar un problema que no podemos ver. Un paciente canceroso no puede sanarse si él o ella rechazan el tratamiento o si en lugar de un tratamiento que extirpa el cáncer, optan por formas de calmar o suavizar o esconder los síntomas.
Hay un profundo significado en la parábola del hijo pródigo como se presenta en la Biblia, en el libro de Lucas 15: 11-32. Cuando el hijo estaba llegando al padre dispuesto a pedir perdón, su padre lo vio desde lejos, y corrió hacia él y le dio un abrazo y un beso. Observe que "el padre lo vio cuando aún estaba muy lejos", y sintió compasión, y lo amo, y corrió a su encuentro y "le echó los brazos al cuello y le dio un beso"
Dios entiende la presente condición del mundo, y la fuente de nuestro rechazo de él, pero él no puede forzar el amor en nosotros pues esto no sería verdadero amor. Así que aquellos que lo niegan o lo rechazan, o le sustituyen por opciones religiosas, las cuales son menos exigentes y más dispuestas a aceptar los estilos de vida pecaminosos; aquellos que continuarán haciendo estas cosas, viviendo estos estilos de vida, ellos han elegido lo que piensan que es mejor para ellos, Han elegido vivir sin Dios.
Por supuesto, muchos necesitan crear una excusa para sentirse bien al rechazar a Dios, y acusaran a Dios de ser despiadado, o inhumano, o alejado de la vida del hombre, o muchas otras versiones de razonamiento, sin embargo, estas excusas toda se fundamentan en la misma razón, aman la vida que el mundo ofrece más de lo que aman a Dios.
Pero algunos se despiertan a la verdad, y se dan cuenta que "¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí me muero de hambre! 'V17
Y cuando tornas la cara hacia Dios el padre, Él te ve desde lejos, y corre hacia ti y te abraza y te da un beso y pone un anillo en tu dedo y una nueva túnica y sandalias en tus pies.
 Y él y todo el cielo van a celebrar pues él dirá "mi hijo estaba muerto, y ha revivido; se había perdido, y ahora lo he encontrado" v32.
Dios creo la manera de ser encontrado, y no hace falta ningún sacrificio de nuestra parte para trazar nuestro camino a Él, ya Él lo ha marcado claramente para nosotros, sin embargo, nuestra naturaleza rebelde oscurece este camino hacia Él. Jesús dijo, yo soy el camino la verdad y la vida.
Todas las formas de religión, incluyendo el ateísmo buscan, a un nivel subconsciente el perpetuar el estilo de vida, y rechazar los cambios drásticos que implican el admitir la realidad de Dios y someterse a Él.
 Y todo lo que necesitas es abrir tus ojos, y, por lo menos, considerar la posibilidad de que no hay más que una sola verdad, y que Jesucristo es el resplandor de esa verdad. Si esto despierta tu curiosidad, entonces, sólo tienes que preguntar. Pide a Jesús y Él te mostrará, y El hará esa verdad visible para ti, y Él te mostrara el camino.
Y si eres sincero en tu búsqueda, si realmente, desde el fondo de tu corazón le pides a Jesús que se revele a ti. Entonces experimentarás el más sorprendente encuentro de tu vida, la sacudida más radical de su sistema de creencias, y la transformación más explosiva de toda tu existencia.
Jesús es el Señor
¡Ser bendecido!
José A. Luna

Siervo de Jesucristo

¡El Hermano Prodigo!

La historia del hijo pródigo, según ha sido contada por Jesús, se presenta en el capítulo 15 del libro de Lucas. En ella nos encontramos con el corazón arrepentido de un hombre derrotado por las seducciones del mundo, quien retornando a sus sentidos decide regresar a la única persona que podría mostrar compasión por él, su padre.
Esta extraordinaria historia nos presenta la oportunidad de expresar metafóricamente un contexto resumido del mensaje del evangelio. Sin embargo, en ella hay una parte que es a menudo ignorada y sin embargo tan importante como la historia del hijo pródigo; los versículos 25 al 31 del mismo capítulo hablan de la actitud de su hermano.
Y la gran importancia de esta parte del mensaje radica en la complejidad de entender de dónde proviene la actitud del hermano, qué razón o derecho tiene él a reaccionar con enojo y menosprecio ante el retorno de su hermano y la consecuente celebración de su padre. De hecho, es común encontrar que las masas están de acuerdo con este hombre, en el razonamiento de sus razones, y recibiendo con simpatía su actitud iracunda.
Ahora, la razón de nuestra simpatía por este hombre, proviene del hecho de que estamos diseñados para pensar en nuestros derechos, nuestras funciones cerebrales operan de acuerdo a patrones establecidos, y desde la infancia se nos ha dicho que debemos defender nuestros derechos y nuestras creencias y proteger nuestros intereses; la complicación esta en que aunque estas enseñanzas no son malas en sí mismas, se les enseña de acuerdo a los simples patrones egoístas y prejuiciados de un mundo caído. Y el hermano pródigo, no está pensando en su padre o en su hermano cuando él arremete contra ellos, de hecho, con esta actitud, él está arrojando por la ventana todos sus derechos, al deshonrar a su padre, tirando una rabieta en vez de, con alegría, dar la bienvenida al hermano que había perdido y unirse a la celebración. ¿Debería el hecho de que este hombre haya trabajado toda su vida para ganarse la herencia, el hecho de que haya sacrificado su vida personal y caminado en obediencia y producido muchos frutos para su padre haberle dado derechos y privilegios especiales? El pensó que el debería ser el único siendo festejado, que él debería ser el uno con traje nuevo y sandalias, el único con derecho a disfrutar del ternero gordo en vez de su hermano impío. ¿Suena familiar?
Muchas veces, encerrados como están en las paredes del  edificio de la iglesia, muchos hermanos y hermanas pierden la noción con respecto a la verdadera razón por la que hacen lo que hacen, y muchos soldados de Jesucristo caen en la trampa de creer que se han ganado el derecho a estar en el comité, o en el consejo, o incluso de expresar su opinión, sólo porque han estado haciendo la limpieza de las sillas por unos cuantos años, cuando el hecho de que hayan estado limpiando las sillas es ya una recompensa.
A menudo perdemos de vista el concepto del verdadero significado de servir a Cristo, a menudo procuramos ser invitados a sentarnos en la primera fila, o tener una oportunidad en el altar, o ser mencionados por nuestros nombres, o que nos sea dado algún tipo de reconocimiento, mientras que el único reconocimiento que necesitamos debe proceder de Dios. En efecto, el privilegio de ser llamados por el Señor a cualquier tipo de servicio ya es un gran honor, y, en la iglesia no hay servicio de poca importancia o de gran importancia, ya que cada poco de trabajo que se requiere de nosotros es de gran importancia, sin embargo, el trabajo que hacemos, no lo hacemos para ganar el reconocimiento, sino porque se nos ha dado el reconocimiento, el más alto de los reconocimientos, el cual viene desde arriba, desde el trono de la Gracia. Y el hecho de que podemos ser llamados sus hijos debería  conducirnos a todos en una regocijada urgencia por servir a Dios, ¡solo porque sí!
Así que, humildemente sal, y busca, y encuentra una manera de ayudar, y conviértete en un activista por el Señor, sin ninguna otra expectativa que el gran honor de servir a nuestro padre, el Dios todopoderoso, y si a los demás se les da un mayor reconocimiento que a ti en este mundo, recuerda que estos reconocimientos vienen del hombre y no de Dios, y que ya tienes todo el reconocimiento que necesitas, directamente desde el gran arquitecto, el hacedor y consumador de la fe, quien no buscó reconocimiento alguno, y se entregó hasta la muerte por ti, sólo por el honor de agradar al Padre.
Que siempre estés en el más alto honor, ¡a los ojos del Señor!
Rev. José A. Luna
Un siervo de Cristo Jesús